Posiblemente este es uno de los universos más vivencial y sorprendentes del trabajo del intérprete escénico. El trabajo del payaso, de su poética; el estudio de los mecanismos de la risa, descubrir nuestro propio payaso; los juegos clásicos, su corporalidad, su voz, su gestual, su máscara y su lógica. El entendimiento de sus líneas de juego, su desproporcionada estética, sus jerarquías; el estado sagrado de la vulnerabilidad, el fracaso como motor de la risa; el mundo al revés, el absurdo, la torpeza, el ridículo; la búsqueda de nuestro niño, de nuestro loco, de nuestro antihéroe, de nuestro idealista. En definitiva, el encuentro sobre una criatura tan esencial en la escena como la propia sinceridad en el arte. Como decía nuestro querido Federico Fellini, «El Clown es el aristócrata del teatro».
