Una caja de cartón, una maleta, una regadera, una bota… podrían ser un rostro en el que nos reconozcamos. Sólo es necesario saberlo distinguir y situar en el cuerpo. El objeto “reubicado” como máscara obligará al intérprete a mover la cabeza, y con ella la máscara, para ver y articular su pensamiento, y por extensión nos permitirá ver la capacidad inteligente y sensible del ser que se manifiesta desprendido de la máscara. ¿Cuál será el cuerpo de cada máscara? ¿Qué líneas corporales serán las más adecuadas? ¿Cómo se mueven sus emociones, cómo reacciona la máscara y toma vida un objeto, cómo se relaciona mediante su poética, cuál es su lógica su manera de relacionarse con el mundo?. Gracias a la máscara utilitaria y los obstáculos que nos ofrece, nos adentraremos en el drama corporal, donde mágicamente aparecerán los primeros conflictos que quién sabe, puedan regalarnos unas mini-obras o números escénicos. La escucha, el ritmo y la segmentación de las “bisagras” de nuestro cuerpo serán de suma importancia para vestir (o que vestirnos) a la máscara utilitaria.
